28 de noviembre de 2025
28 de noviembre de 2025
FICHA
Autoría: Julio Falagan
Ilustraciones: Patricia de Blas
Editorial: Zacatrus
Participantes: 1–4
Edad: +8
Tiempo: 20-40'
Precio: 21,95 €
Introducción
Visitar un museo puede ser una experiencia contemplativa y relajada…, salvo que tu misión sea retratar las obras más emblemáticas en un solo día, esquivando cabezas, turistas y el caos habitual de las salas más concurridas. En Prado, el primer juego ganador del I Concurso de Creación de Juegos de Mesa de Zacatrus, asumimos el papel de fotógrafos que compiten por conseguir la mejor serie de instantáneas del Museo del Prado, una de las pinacotecas más importantes del mundo. Esta original premisa se convierte en el eje de un juego de mesa familiar donde la agilidad táctica y la anticipación marcan la diferencia.
Con ilustraciones de Patricia de Blas y diseño de Julio Falagán, Prado no solo ofrece una experiencia lúdica divertida y accesible, sino también un recorrido educativo por la historia del arte. Cada una de las 35 cartas de obra está acompañada por detrás de una descripción elaborada por Antonio García Villarán, artista y doctor en Bellas Artes, lo que convierte la partida en un diálogo constante entre cultura y estrategia. La combinación de mecánicas sencillas, interacción constante y una ambientación rica y realista hacen de Prado una propuesta tan entretenida como didáctica.
Cómo se juega
En Prado, nos convertimos en fotógrafos que recorren las salas del célebre museo madrileño con el objetivo de capturar con nuestra cámara las mejores instantáneas de las obras de arte expuestas. Sin embargo, no estamos solos. Las salas están repletas de visitantes cuyas cabezas y cuerpos bloquean nuestra visión, por lo que necesitaremos movernos con astucia, aprovechar las oportunidades y posicionarnos estratégicamente para conseguir las mejores fotos antes de que lo hagan nuestros rivales. La partida se desarrolla a lo largo de ocho rondas y quien más puntos consiga al final se hará con la victoria.
Preparativos y estructura del museo
El tablero representa el interior del Museo del Prado, dividido en cinco salas, aunque esa cifra puede ajustarse en función del número de participantes. Cada sala contiene un cuadro, representado por una carta extraída de uno de los dos mazos disponibles, y un número determinado de visitantes, que se colocan sobre él y dificultan su visibilidad. Estas «cabezas» actúan como obstáculos que deberemos ir retirando con nuestras acciones para poder hacer la foto. También disponemos de una zona central desde la que comienza todo el mundo y a la que volveremos tras conseguir cada fotografía.
Cada participante recibe una carta de personaje con su cámara de madera correspondiente, dos objetivos personales entre los que podrá escoger al inicio y un pequeño mazo de cartas de acción, representadas por la parte de atrás de las cabezas de visitantes. Además, hay un objetivo común visible para todos y un mazo de eventos que marcará las condiciones cambiantes de cada una de las ocho rondas.
Un día en el museo
Cada ronda se divide en varias fases. Comienza revelándose una carta de evento que alterará ligeramente las reglas para esa ronda concreta, ya sea eliminando visitantes específicos, bloqueando salas o afectando nuestras acciones. A continuación, por turnos, llevamos a cabo dos fases: la de visitantes y la de fotografía.
Durante la fase de visitantes, jugamos todas las cartas de acción que queramos, siempre que las tengamos en mano. Estas cartas permiten ejecutar distintas acciones como movernos de una sala a otra, avanzar posiciones dentro de una sala para situarnos más cerca del cuadro, desplazar a otros visitantes molestos a salas adyacentes o robar cartas del tablero. Además, hay cartas comodín que nos permiten hacer cualquier acción gastando dos cartas cualesquiera, y otras que pueden jugarse fuera de turno para cancelar las acciones de otra persona, añadiendo un componente de interacción muy significativo.
Si no tenemos cartas o decidimos no usarlas, pasamos directamente a la fase de fotografía, en la que podemos realizar dos acciones básicas sin necesidad de gastar cartas. Estas acciones incluyen desplazarnos por el museo, solicitar ayuda para obtener nuevas cartas o reubicarnos estratégicamente en otra sala.
El posicionamiento en las salas es crucial. Solo pueden colocarse tres personas por sala, y quien esté en primera posición será quien consiga la foto en cuanto se retiren todos los visitantes. Es posible, por tanto, beneficiarse del trabajo de los demás si estamos bien colocados. Cuando se hace una foto, se retira la carta de cuadro, que proporciona puntos y símbolos relevantes para los objetivos personales y comunes. En su lugar, se coloca una nueva carta de obra y se reponen los visitantes según lo indicado.
Al final de cada ronda, la persona inicial rota, se revela una nueva carta de evento y comienza de nuevo la secuencia. Tras la octava ronda, se procede al recuento de puntos.
Fin de partida y puntuación
Al final de la partida, sumamos los puntos de las obras fotografiadas, los puntos por cumplir su objetivo personal y los del objetivo común. Algunas cartas de cuadro tienen símbolos como el estilo artístico, la nacionalidad del autor o el siglo de la obra, que pueden ser requeridos por los objetivos para otorgar puntos adicionales. Quien consiga más puntos gana.
Prado incluye además un modo en solitario, donde nos enfrentamos al Guardián del Museo, un fotógrafo rival controlado por reglas automáticas que intentará anticiparse a nuestras acciones. Este modo añade un grado más de desafío y convierte el juego en una excelente experiencia también para una sola persona.
Valoración y conclusión
Prado es un título que se posiciona con firmeza dentro del ámbito de los juegos familiares, destacando por una propuesta temática muy poco habitual y por su voluntad explícita de acercar el arte a la mesa de juego. Su mayor virtud reside precisamente en esa conjunción entre experiencia lúdica y contenido cultural. Y es que jugar a Prado no solo implica mover tokens o sumar puntos, sino también descubrir obras reales del Museo del Prado, aprender sobre su contexto histórico y estilístico, y conectar con una institución artística de renombre internacional a través de la diversión. De hecho, la labor de documentación y divulgación realizada en las cartas de cuadro, con textos elaborados por el doctor en Bellas Artes Antonio García Villarán, añade una capa educativa que enriquece notablemente la experiencia sin entorpecer la mecánica. No es frecuente encontrar juegos que permitan a un niño o a una familia hablar de Velázquez o Goya tras una partida, y ese logro merece ser subrayado.
En lo mecánico, Prado se desenvuelve con soltura dentro del terreno del juego ligero. Las reglas son accesibles desde el primer momento y permiten que cualquiera, incluso sin experiencia previa, pueda incorporarse con facilidad. El turno está dividido en fases claras, con un sistema de acciones básicas y avanzadas que introduce cierta toma de decisiones sin resultar abrumador. La interacción es constante, pues nos disputamos espacios dentro de las salas, competimos por los mejores ángulos para fotografiar, usamos cartas para bloquear a los rivales o para anticiparnos a sus movimientos. Esa dinámica de obstaculización e inmediatez transmite con eficacia el caos y la urgencia de un museo concurrido, al tiempo que estimula el pensamiento táctico. Además, el modo en solitario contra un rival automatizado (el Guardián del Museo) amplía las posibilidades de juego y demuestra una atención a distintos perfiles de persona jugadora.
No obstante, el juego también muestra ciertos límites que conviene señalar. Para aquellas personas más exigentes o habituadas a títulos de mayor profundidad, Prado puede resultar algo plano tras varias partidas. La estrategia es circunstancial y la planificación a largo plazo está supeditada a las cartas disponibles y al posicionamiento cambiante de los rivales. La rejugabilidad, si bien aceptable, depende más de la interacción entre participantes que de una variedad mecánica o narrativa muy amplia. Las 35 cartas de cuadro son un acierto en lo visual y educativo, pero pueden acabar repitiéndose en sucesivas sesiones.
Por otro lado, aunque la ambientación del museo es un rasgo distintivo y reconocible, podría no conectar con todos los públicos, especialmente los más jóvenes si no tienen una afinidad previa por el arte. En esos casos, el juego corre el riesgo de ser percibido más como un ejercicio didáctico que como una experiencia lúdica envolvente.
En definitiva, Prado es un juego familiar diferente, con una propuesta fresca, bien ejecutada y con un trasfondo cultural que lo distingue del resto. Funciona muy bien en contextos educativos, familiares o de iniciación, y puede ser una herramienta excelente para introducir a nuevas personas en el mundo de los juegos de mesa desde una perspectiva artística. Sin aspirar a ser un peso medio ni un referente de innovación mecánica, cumple con creces su cometido, que nos es otro que divertir, enseñar y generar una buena experiencia en torno a uno de los museos más emblemáticos del mundo. Su primer puesto en el concurso organizado por Zacatrus refuerza la apuesta de esta editorial por el diseño nacional y confirma que todavía hay mucho espacio para la creatividad temática en los juegos de mesa actuales.