3 de marzo de 2026
3 de marzo de 2026
FICHA
Autoría: Mathias Wigge
Ilustraciones: Dennis Lohausen, Christof Tisch y Felix Wermke
Editorial: Maldito Games
Participantes: 1–5
Edad: +12
Tiempo: 40-100'
Precio: 45€
Complejidad: 2,8 / 5
Introducción
En Santuario nos ponemos al frente de un zoológico moderno centrado en la conservación científica. A lo largo de la partida vamos construyendo nuestro parque mediante la colocación de losetas hexagonales que representan animales, edificios y proyectos. Nuestro objetivo consiste en optimizar cada espacio del tablero personal para generar la mayor cantidad de puntos posible a través de sinergias, objetivos de conservación y efectos permanentes.
El juego toma como punto de partida las sensaciones de Ark Nova, del mismo autor, pero propone una experiencia más concentrada y accesible. Sustituimos el mazo de cartas por 135 losetas únicas y simplificamos el sistema de puntuación, manteniendo la esencia de gestión y planificación a medio plazo. El resultado es un título de peso medio que combina colocación de losetas, construcción de patrones y gestión de acciones con un ritmo más contenido y una curva de entrada más asequible.
En mesa nos encontramos ante un diseño que busca mantener la profundidad estratégica sin exigir la inversión de tiempo y reglas de su hermano mayor. La pregunta no es si sustituye a Ark Nova, sino qué tipo de experiencia queremos vivir cuando decidimos construir nuestro próximo zoológico.
Cómo se juega
En Santuario nuestro objetivo es desarrollar el zoológico más eficiente posible mediante la colocación estratégica de losetas. Cada partida nos propone un rompecabezas distinto gracias a la enorme variedad de animales, edificios y proyectos disponibles. La estructura del turno es sencilla, pero las decisiones que tomamos tienen un impacto profundo en el desarrollo a medio plazo.
Preparación y estructura general
Colocamos el tablero central con seis losetas visibles en el mercado y dejamos el resto en una pila común. Preparamos también el tablero de conservación con cinco objetivos elegidos al azar, que marcarán parte de la carrera por los puntos. Cada participante recibe un tablero personal con una rejilla hexagonal que representa nuestro zoológico, cuatro losetas de acción y sus marcadores de mejora y logro.
Las cuatro losetas de acción se colocan bajo nuestro tablero formando una fila. Cada una apunta a un número que indica su fuerza. Esa fuerza determina tanto el alcance para elegir losetas del mercado como la potencia con la que ejecutamos determinadas acciones. Tras usar una acción, la desplazamos al extremo izquierdo y el resto se mueve hacia la derecha, de modo que la acción utilizada pierde fuerza y las demás la ganan progresivamente. Este sistema de rotación es el corazón del juego y condiciona todo nuestro plan.
El turno paso a paso
En nuestro turno siempre comenzamos tomando una loseta. El alcance de esa elección depende de la posición de nuestra loseta de proyecto. Si su flecha apunta a un valor bajo, solo podremos escoger entre las primeras posiciones del mercado. Si la hemos dejado descansar y ha ganado fuerza, tendremos acceso a un rango mayor de opciones.
Después ejecutamos una acción utilizando una de nuestras losetas inferiores. Podemos jugar animales de un tipo de hábitat concreto, jugar proyectos o bien robar losetas adicionales de la pila. La fuerza de la acción debe ser igual o superior al valor que exige la loseta que queremos colocar. Si la acción está mejorada, incluso podremos jugar más de un animal siempre que la suma de sus valores no supere nuestra fuerza disponible.
Los animales y proyectos deben colocarse respetando la adyacencia. Comenzamos desde la entrada del zoológico y a partir de ahí expandimos nuestro parque hexágono a hexágono. A medida que cubrimos ciertos iconos impresos en el tablero obtenemos bonificaciones inmediatas. Algunas losetas generan efectos permanentes, otras puntúan en función de símbolos conectados o tipos de animales acumulados.
Además de la acción principal, podemos colocar un edificio si cumplimos su requisito. Los edificios no dependen de fuerza, sino de condiciones de colocación como estar junto a determinados hábitats o tipos de animales. Esto nos obliga a planificar el diseño del zoo con antelación, buscando que cada pieza encaje y multiplique su valor.
Mejoras y objetivos de conservación
A lo largo de la partida intentamos cumplir requisitos que nos permiten mejorar nuestras losetas de acción. Cuando alcanzamos ciertas metas, como tener varios hábitats conectados, apoyar un proyecto de conservación o reunir distintos tipos de animales, giramos la loseta correspondiente y la hacemos más potente. Las acciones mejoradas amplían el rango y aumentan la flexibilidad estratégica.
Paralelamente competimos por cumplir objetivos de conservación comunes. Estos objetivos nos exigen reunir un número determinado de símbolos de continente o tipo de animal en nuestro zoológico. Cuando cumplimos uno, colocamos uno de nuestros marcadores en el tablero de conservación y aseguramos una cantidad de puntos al final de la partida. Cada persona puede completar hasta cuatro, lo que convierte esta carrera en uno de los motores principales del final de partida.
Final de la partida y puntuación
La partida termina cuando alguien cumple cuatro objetivos de conservación o completa por entero su zoológico. También puede concluir si se agotan las losetas disponibles. En ese momento realizamos el recuento final. Sumamos los puntos otorgados por animales, edificios, proyectos, objetivos cumplidos y posibles bonificaciones adicionales. Quien haya logrado la combinación más eficiente de colocación y sinergias se hace con la victoria.
En nuestras partidas hemos comprobado que Santuario ofrece una experiencia fluida y muy centrada en la optimización espacial. Las reglas se asimilan con rapidez, pero la profundidad emerge en cómo encadenamos efectos y gestionamos el ritmo de nuestras acciones. Cada turno parece sencillo, aunque detrás de cada loseta colocada se esconde una decisión estratégica que marcará el rumbo de nuestro zoológico.
Valoración y conclusión
Lo primero que hemos apreciado en Santuario es su capacidad para condensar una experiencia de gestión exigente en un formato más accesible y contenido. El sistema de acciones rotatorias funciona con gran fluidez. Cada turno debemos decidir no solo qué hacer, sino cuándo hacerlo, ya que la fuerza de cada acción depende de su posición. Esta gestión del tiempo nos obliga a planificar varios movimientos por adelantado y aporta una sensación constante de construcción progresiva.
La colocación de losetas es el otro gran acierto. Construir nuestro zoológico resulta satisfactorio porque cada pieza puede activar efectos, generar sinergias o preparar el terreno para futuras puntuaciones. La variedad de las 135 losetas distintas garantiza partidas diferentes y favorece la adaptación táctica. No solemos repetir patrones idénticos entre una sesión y otra, lo que refuerza la rejugabilidad.
El sistema de objetivos de conservación aporta una dirección clara. Nos marca metas intermedias que orientan nuestra estrategia sin forzarnos a un único camino. Además, al no bloquearse entre participantes, la tensión no proviene del enfrentamiento directo, sino de la carrera por optimizar antes que los demás. En nuestras partidas la interacción se ha centrado en el mercado compartido y en el ritmo de cierre, lo que convierte la experiencia en un desarrollo mayoritariamente personal con presión indirecta.
En cuanto a la escalabilidad, el juego mantiene sensaciones similares con distintos números de participantes, aunque debemos asumir que es un diseño de carácter multisolitario. Apenas interferimos en el tablero ajeno y la mayor parte del tiempo estamos concentrados en nuestro propio rompecabezas. Para quienes disfruten optimizando su espacio sin excesiva confrontación, esto es un punto fuerte. Para quienes busquen choque constante, puede quedarse algo corto.
Otro aspecto destacable es la claridad iconográfica. Aunque sobre la mesa impresiona por la cantidad de símbolos, la lógica interna es coherente y en pocas rondas nos movemos con soltura. La curva de aprendizaje está bien ideada y permite que personas menos habituadas a títulos de gestión se incorporen sin sentirse abrumadas. Aun así, la puntuación final exige atención y cierta planificación previa, lo que mantiene el peso estratégico en un nivel medio sólido.
En el lado menos positivo, la dependencia del mercado introduce un componente táctico que puede resultar frustrante si las losetas que necesitamos no aparecen en el momento oportuno. Existe margen de adaptación, pero algunas estrategias pueden diluirse si el flujo de piezas no acompaña. Tampoco encontramos una interacción especialmente intensa, más allá de anticipar cuándo alguien puede detonar el final de partida.
En conjunto, Santuario nos ha parecido un diseño muy bien ajustado que ofrece profundidad estratégica con reglas contenidas y una duración razonable. No pretende sustituir experiencias más complejas, sino ofrecer una alternativa más ágil centrada en la colocación y las sinergias. Si buscamos un juego de gestión de peso medio, con buena rejugabilidad y centrado en optimizar nuestro propio espacio, encontramos aquí una propuesta sólida, elegante y coherente que funciona especialmente bien cuando queremos estrategia sin saturación de reglas.